Mi Madrid

Madrid es lo único que me pertenece y al que pertenezco de igual manera, la ciudad donde nací que parece estar configurada para mi y yo para ella.

Mi abuela nació, como mi padre, en la calle Buenavista, en pleno lavapiés, y viviendo en la calle Salitre camino a mi oficina en Montera mil veces he recorrido esa calle que en el lejano 1916, año de nacimiento de mi abuela, ya empezaba a escribir la que es la historia de mi familia en esta ciudad y mi historia de amor con Madrid.
Lo nuestro, como toda relación tiene momentos de altibajos, nos hemos dejado, he vivido en otras ciudades, para volver siempre a ella, la niña de mis ojos, a la que no le debo la fidelidad que ella si me da.
Y como de piropos no se vive yo decidí regalarle a Madrid todos los besos que le debía, enseñarla, mostrarla a los viandantes de aquí y de fuera, porque no será la más guapa, pero sí es la más interesante y tiene tanto que contar…
Mi madrid es una plaza en la avenida de las Glorietas en el pozo del tio Raimundo, un patio y un balón de baloncesto en el colegio Trabenco, es el 24 para ir a entrenar a Payaso Fofó, un tioivo en la avenida del Mediterráneo y el camino de la estación de Aravaca a la Rosa de Luxemburgo.
Mi madrid es el Portal número 5 de la Plaza de Chueca y el vermut en Casa Sierra, son las tardes de verano en la calle Argumosa y los cientos de libros que he leído en el tren hasta Principe Pio.
Mi madrid son los conciertos en la Plaza de las Ventas, los cines que hemos perdido en la Gran Vía, la Universidad autónoma, la línea 5 de metro y la Plaza del 2 de Mayo.
Pero mi Madrid también es mi abuela refugiándose de las bombas en el cine Doré o mis padres en el entierro de los abogados de Atocha.
Mi Madrid también es Maria Teresa León salvando los cuadros del Prado y Zenobia de Camprubí abriendo negocios de comercio justo en 1926.
En Madrid presumimos poco de ciudad, presumimos poco de ser la última en caer en Guerra, de ser la que acoge sin dudarlo a los inmigrantes, porque en Madrid no se pregunta de donde vienes, como a algunas mujeres no les gusta que se les pregunte por su edad, presumimos poco del Museo del Prado, del Guernika, de la Calle más fascinante que he pisado en mi vida, la Gran via, donde todo pasa y todo queda, presumimos poco de los atardeceres en el templo de Debod, y muy poco de la movida Madrileña.
Y a mi me gusta presumir y presumirla, me gusta que mi trabajo sea recorrerla, porque siento que somos dos amantes que paseamos de la mano.
Madrid es mi historia y es mi trabajo, conocerla cada día más y mejor, seguir dejando que me sorprenda, leer todo lo que me dé y escribirle todo lo que pueda, pero sobre todo contarla, contar desde el amor que le tengo todo lo que ella nos tiene que enseñar.
Madrid es mi historia pero yo solo soy una entre las infinitas que existen en ella y gracias a mi trabajo puedo contar y que me cuenten.
Ahora preparando dos nuevos recorridos, El Madrid de la Transición y el Madrid de Ava Gadner vuelvo a caer en la cuenta de todo lo que me esconde en sus rincones solo para que lo encuentre. Así que en un rato vuelvo a salir a la calle a hablar de fantasmas, de la inquisición de las Sinsombrero o de la puerta del Sol el 14 de julio de 1931 y pasando por Metropolí y más en estas noches en las que ya huele  verano, miro hacia arriba y pienso:  Ay, que guapa está hoy…!

2 comments

  1. Precioso. Me enamoró y vuelvo siempre que puedo. A disfrutarla y vivirla.
    El 28 y 29 de mayo quiero ir a pasar un par de días. Hay algún recorrido previsto?? El Capricho ya lo conozco. La ruta de las Sin sombrero me encantaría….

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