Profesores/as de la II República. La historia de la vida es bella durante la Guerra Civil.

 

A mi padre, el mejor de los profesores , educador de lo que intento ser.

A Javi que siembra y recoge.

 

Cuantos de nosotros tenemos en la retina los últimos minutos de la emotiva película La lengua de las Mariposas, una oda a los maestros y maestras de la República, que sufrieron especialmente la represión en la Guerra Civil y tras ella.

Una de las historias más emotivas que he escuchado sobre esos tiempos, narra, precisamente el inesperado viaje en el que se embarcaron profesores y alumnos del centro de la calle Esparteros de la Institución Libre de Enseñanza.
El paso del tiempo ha hecho olvidar esta historia, corren diferentes teorías sobre ella y es una de esas historias que en medio de la barbarie dan esperanza. Un ejercicio de amor, inventiva y supervivencia.
La versión que yo escuché de boca de la hija de uno de estos alumnos es la siguiente:
Decía Giner de los Rios que más valía un día en el campo que 100 en el aula, por lo que las colonias eran una pieza clave del plan educativo de la ILE como medida de protección de la salud de los niños que vivían en el ya contaminado por aquel entonces Madrid.
Saldrán de la puerta del sol con más de 40 niños 6 profesores con destino San Vicente de la Barquera, una soleada mañana de Julio. Un mal verano. Es julio de 1936.
A la llegada al verde paraje, los niños comienzan a montar sus tiendas, se habilitan los espacios para las clases que se impartirán por las mañanas y las zonas de recreo.
El comienzo de la Guerra Civil va a encontrar a los maestros al cuidado de todos estos niños, todos menores de 13 años.
La primera decisión será enviar a dos de estos pedagogos  a San Sebastian en busca de ayuda e instrucciones, pero España es ya un país desarticulado que comienza a desangrarse por los cuatro costados. Se les indica que deben permanecer donde estaban, no hay lugar seguro, pero al menos allí estarán localizables, para bien o para mal
A su vuelta, descubrirán la inquietud de los alumnos, han dejado de recibir cartas de sus padres y empiezan a hacer preguntas por lo que los profesores deciden hacer turnos de noche para escribir cartas a los niños, la primera mentira, a la mañana la llegada del falso cartero con cartas de los padres daba ciertos aires de tranquilidad.
 Los víveres se acaban y las gentes del pueblo no pueden ayudar a tal cantidad de personas, la guerra puede ser larga y deben guardar.
La segunda decisión será crucial, deben cargar los bártulos y salir del país, señalan un lugar en el mapa Portbou saliendo por Hendaya hasta el sur de Francia.
Los vecinos franceses habilitan un centro educativo  para ese colegio ambulante y en una de esas noches en vela, tras escuchar las noticias a través de la radio Pirenaica deciden que deben volver al país, a un lugar seguro, Barcelona o Valencia.
Los vecinos de Portbou ayudan con víveres para el viaje, chocolate, galletas y leche en polvo y de nuevo, al camino.
Consiguen llegar, no sin problemas a Barcelona y de ahí a Valencia, con los obuses sobrevolando sus cabezas. Consiguen llegar a salvo, y por fin recibirán ordenes de su centro en Madrid, las familias han sido localizadas, pueden volver en autobús al punto de partida de este eterno viaje.
En el camino se hacían recurrentes paradas para dar clases y los profesores idearon un juego de refuerzo positivo donde se entregaba la comida en los momentos de mayor terror entre los niños.  Mentiras piadosas y el miedo de estos profesores calando hasta los huesos pero manteniendo el tipo.
Recuerdan la vida es bella?
NI un día sin aprender, ni uno sin clases, ni un día sin cartas de sus padres, ni un día sin comida y sin sentir cierta normalidad en medio del más absoluto caos. Es más, mucho más, estos alumnos solo tuvieron la certeza del comienzo de la  guerra cuando sus familiares les informaron a su vuelta en la Puerta del Sol que les vio partir meses antes.
Esta historia y muchas más en nuestro tour Madrid, años 30 y 40, Segunda República y Guerra Civil.

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